El éxito de París

Artículo de opinión escrito por Mirko Lauer

El acuerdo logrado en París rescata al ciclo de las COP del fracaso sufrido en Copenhague en el 2009. Esta vez hubo mayor conciencia de la gravedad del problema del calentamiento, y mucha mejor diplomacia. Si bien el acuerdo dista de ser óptimo, los delegados de los 195 países regresan a casa con algo positivo entre las manos.
El gran triunfo de la reunión de París es el reconocimiento mundial de que el peligro climático es real, urgente y enfrentable. Con esto comienza una nueva era de preocupación de los Estados por el futuro del planeta. El documento plantea propuestas concreta, cuyos efectos podrán ser apreciados en un plazo establecido.
Lo más importante que ha sido superado es la negativa de China y los EEUU, los dos principales emisores, a firmar un acuerdo vinculante. Ahora ya hay un compromiso de este tipo, si bien moderado en sus términos. Se trata, pues, de una versión más amigable y redistributiva de la propuesta de Kioto, que Estados Unidos se negó a firmar.
El acuerdo ha logrado sortear los puntos conflictivos más complicados: la compensación económica y las adecuaciones exigidas a los principales emisores, los reclamos del tercermundismo contaminante, los intereses específicos de algunos otros países de segundo nivel, los escollos planteados por el radicalismo ecológico.
La sensación es que el documento final ha pasado por un pelo, gracias a haber cedido en aspectos que en otros años fueron cuestiones de Estado. Indicio de que en el 2015 el calentamiento global ya es una preocupación mucho más seria en todo el mundo. Lo que ha hecho la diplomacia es evitar que siga siendo un tema de confrontación y haya pasado a ser uno de cooperación.
El Perú ha tenido un papel clave y honroso en este proceso. La COP20 de Lima logró producir, gracias a la presidencia de Manuel Pulgar Vidal, para la COP21 de París un borrador de discusión que decididamente facilitó las cosas. Partir de premisas previamente discutidas y acordadas fue muy importante para llegar a resultados finales.
Sin embargo a pesar del éxito que representa París, hay un difundido sentimiento de que el documento finalizado va a necesitar ajustes por el camino. La autoridad establecida para monitorear su cumplimiento todavía va a tener que demostrar sus capacidades, lo cual implica un nivel de conflicto. Así la próxima COP necesariamente va a ser un balance de resultados.
Hemos entrado en una etapa de la vida planetaria en que las diversas formas de envenenamiento del hábitat serán identificadas como serias infracciones a la vida colectiva de la humanidad. Un paso tan importante como la declaración de los derechos humanos de las Naciones Unidas en 1948, y que ciertamente avanza en la misma dirección.
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